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Mostrando entradas de 2016

Deshoras

En el suelo se viene quejando la manecilla menor. Se ha escapado de su centro, ha perdido el bosque y la importancia de derramar el café en las piernas del cliente.
Se arrastra cantando rondallas de estupor. Busca el verbo, pero éste dejó de ser para girarnos la portela de Isolda; otra dama enamorada.
Amor, no pienses en lo que deba ser, en lo que es justo, en la resolución de nuestros problemas. Sólo sé la manecilla mayor.

Suéltanos las nubes.
Caen las mariposas al árbol. Nadie conoce a los muertos.

Reseña del cuento "El último verano" de Amparo Dávila.

Asfixia, insomnio, sudores fríos, sombras que acechan los pensamientos de los niños temerosos de madrugada; paranoia, rincones, demencia, ansiedad y sollozos, ese es el mundo de muñecas rotas al que nos transporta en cada una de sus lecturas, (tanto en Salmos bajo la luna (1950), como en Muerte en el bosque (1985)), Amparo Dávila, escritora nacida en 1928 en los Pinos, Zacatecas; pueblo mágico en donde creció rodeada del frío, muerte, ansiedad y libros, que pronto reflejaría en su obra literaria.
Dávila crea sentimientos del polvo dentro del lector, juega con ellos, los hace añicos, sufre y se ríe, luego los resucita para crucificarlos, para poder amarla, siguiendo la línea que marca su detallada narrativa taladrada a base de puras vivencias –cuenta ella-. Cada coma es un alfiler rozándonos la piel blanda, es imposible no seguir entre los párrafos, aunque  avancemos en suspenso… Tal es el caso del cuento “El último verano” (Árboles petrificados, 1977),  en el que en tercera persona, c…